Expedición a la Tierra del Sol Poniente

Crónicas 2013

04
Jul

Un viaje para madurar


Escrito por Luisa Álamo

No hay palabras para expresar lo que siento. Me encuentro a la sombra de un olivo esperando a que llegue el resto de mis compañeros a este recóndito pueblo en el que sólo se oyen las risas de mi pequeño grupo de acompañantes y la brisa, sumida en uno de los muchos momentos que puedo dedicar a reflexionar sobre esta experiencia.

La vida aquí es muy simple al igual que la gente cuya sonrisa no abandona su cara. Pueblos tranquilos y aparentemente vacíos, salvo cuando se rompe el silencio cuando aparece un ciclista ocasional o un jinete montado sobre un asno y que pasan fugazmente a nuestro lado. Por mucho que quiera volver a ver a mi familia, en Marruecos me siento muy a gusto. Los niños y niñas con los que comparto África Andando han llegado a formar mi gran segunda familia. No son sólo hemos conseguido estrechar lazos entre canarios y marroquíes sino que son lazos imposibles ya de deshacer, que permiten que disfrutemos de esta expedición al máximo. A pesar de pequeñas diferencias culturales y sociales hay mucha más cosas que nos unen, porque en el fondo somos iguales, españoles y marroquíes, mismos intereses, mismas preocupaciones, etc.

Desde aquel primer instante, cada día es una sorpresa. Hemos conocido todos los aspectos que Marruecos nos podría ofrecer y me ha sorprendido agradablemente. Realmente no sé lo que me esperaba en estos parajes cuando me bajé del avión pero ahora mismo me siento en casa, en un país que para mí antes era desconocido y al cual he cogido mucho cariño. Sus paisajes desolados, sus montañas achicharradas, su mar atrofiador, su gente maravillosa… Su gente… Nunca imaginé que fuesen tan excesivamente buenos. A pesar de ser extranjeros, desconocidos, nos abren el alma y nos entregan su corazón, recibiéndonos con cegadoras sonrisas, banquetes propios de un sultán, té, pan calentito y aceite de oliva. Por las aberturas de ropajes tradicionales nos encontramos siempre con miradas curiosas y encantadoras,  y con niños que se acercan corriendo aunque recelosos a saludar a los caminantes.

Por último quiero puntualizar una de las cosas más importantes que he podido aprender y notar, una palabra de la cual poco a poco hemos ido olvidando su significado real: pobreza. Al tenerlo todo a mano hemos llegado a pensar en la pobreza como lago material, pero ahora viendo cosas como niños jugar felices con un balón hecho de trapos en un improvisado campo de fútbol, me cuestiono lo que significa realmente ser pobre. A pesar de no contar con grandes casas terminadas o  muchas posesiones, esta gente es rica en cultura y belleza interior mientras su felicidad y agradecimiento ante lo que tienen les engrandecen.

Esta experiencia me ha ayudado a reflexionar y a madurar mucho. Nunca la podré olvidar.

Luisa Álamo, Las Palmas de Gran Canaria

 






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